Reproducción fotográfica: Alessa Viteri.
Ciudadano
Si la fugacidad y las prisas de nuestra sociedad se empozasen en un solo individuo, este materializaría nuestro paroxismo y nuestra fuga hacia dentro a través de la pantalla, con esos huidizos pulgares que resienten nuestra necesidad de atención.
Este individuo sería una especie de grito implosivo. Una bella catástrofe cotidiana que esquivamos diariamente, esta se desmaterializa y contiene las múltiples posibilidades de nuestra desaparición.